lunes, septiembre 19, 2005

CINCO SUEÑOS

V

Adora estas noches de sueños tan vívidos, donde la boca de Doña Nora se siente tan propia que hasta se permite creer que no es la anciana quien elige las palabras que dice. Estas noches de cuerpos pequeños y tan frágiles, de respiración y manos hábiles capaces de aferrarse a lo que sea.
Doña Nora se sienta en su mecedora. Inmersa en el maravilloso movimiento del vaivén prepara sus agujas y comienza a tejer, con la destreza que le dan los años y la alegría que el tiempo no le ha podido arrebatar. Sintiendo sus manos, toda esa libertad tan libre de ir y volver, los dedos desatados jugando con el hilo, observando el delicado acto de crear a través de esos ojos gastados, los muros de la casa se estremecen.
Por un segundo parece que incluso el suelo temblara.
Desde los rincones, a través de las ventanas y los pasillos, una brisa fresca juega a despertarlo todo junto con la luz de la mañana que se filtra por el patio.